DEPORTES

6 de enero de 2017

Dakar: Mi papá es un ángel

A 5 años de la partida de Jorgito Martínez Boero, que se cumplió el pasado 1 de enero, recordamos al piloto bolivarense con un texto que publicó la editorial de Red Bull en el año 2013.

La tierna historia de la despedida de Jorge Martínez Boero de su hija

El amor de un padre a un hijo no se puede comparar con nada. Sobrepasa las distancias, las fronteras, la vida misma. La que sigue es una historia real, una historia que refleja ese amor. Ocurrió durante la edición 2012 del Dakar, a poco de comenzar la carrera que unió la localidad bonaerense de Mar del Plata, a orillas del océano Atlántico; con la ciudad peruana de Lima, a pocos metros del océano Pacífico.

Jorge Martínez Boero era uno de los pilotos argentinos que se le animaban a la carrera por segunda vez. Criado en un ambiente “fierrero”, sentía que el Dakar reflejaba en cierto modo aquellos Grandes Premios del Turismo Carretera que disputaba su padre, del mismo nombre y que se consagró campeón de la categoría en 1982. Jorgito amaba ese ambiente de camaradería que había en los campamentos dakarianos, donde no había rivales, sino compañeros.

Aquel 1 de enero de 2012, Martínez Boero comenzó su segundo Dakar sobre una Beta que tenía el número 175 en su dorsal. Tenía varios objetivos: donar alimentos al final de cada etapa como parte del “Dakar Solidario”, una iniciativa que compartía con su compatriota Pablo Copetti; honrar a su padre en el vigésimo aniversario de aquel título de TC y llevarse la medalla que se les otorga a los que terminan la carrera para dársela como regalo a Felicitas, su hija de cuatro años. Aunque en 2011 solo había disputado seis etapas, se sentía con la suficiente experiencia para terminar.

Aceleró su moto a fondo y allá fue en busca de su sueño. Pero en el kilómetro 55 de la primera etapa, en el trayecto que iba de Necochea a Energía, sucedió lo impensado. “Ese día yo partí primero y él lo hizo 17 puestos atrás. Faltando poco más de un kilómetro, me alcanzó en una recta larga y se puso a la izquierda para no tirarme polvo. Unos 200 metros más adelante veo que su moto va de lado a lado y pega contra una cuneta. Vuela unos 20 o 25 metros. Fue un porrazo fortísimo, a 130 km/h”, relata el peruano Carlo Velutino, testigo del accidente del argentino.

Velutino se detuvo inmediatamente y lo auxilió. También llamó a la organización, que inmediatamente puso en marcha el operativo de sanidad. Mientras esperaba el helicóptero con los médicos, Carlo movió a Jorge, que estaba en una posición incómoda. “Justo llegó una mujer francesa en una camioneta de la organización y le desabrochamos el casco y la chaqueta. Le dije que se quedara tranquilo. Como cerró los ojos, pensé que se había desmayado... En ese instante aterrizó el helicóptero y vinieron tres médicos. Le dieron los primeros auxilios y yo me retiré a un costado. Ahí me dijeron que siguiera porque ya estaban ellos. Me fui pensando: ‘Qué caída; ojalá se recupere pronto’. No imaginé nunca lo peor”.

Según el parte de la organización, el accidente ocurrió a las 10.19. En el texto también se indicó que Jorge Martínez Boero “fue asistido a los cinco minutos en el helicóptero de emergencias por personal médico, quienes no lograron reanimarlo”. La causa de su muerte fue un paro cardíaco, que tuvo como consecuencia de la caída. Se había ido un gran tipo… Se había ido un padre.

Eran las 10.30 de aquel domingo 1 de enero de 2012. Felicitas, extrañamente, ya estaba levantada pese a que se había acostado tarde después de disfrutar la noche con sus padres. Belén, su mamá, escuchaba que dialogaba con alguien. “¿Con quién hablás”, le dijo. “Con papá”, le respondió la pequeña. “Pero Felicitas, si sabés que papi se fue a correr al Dakar”, le respondió. “No, vino a decirme que se iba al cielo con el abuelo”, le retrucó la nena. Minutos después de aquella charla sonó el teléfono. Eran de la organización del Dakar. Belén se quedó paralizada cuando esa voz le dijo que Jorge, su marido, había tenido un accidente y había fallecido…

El amor de un padre a un hijo no se puede comparar con nada. Sobrepasa las distancias, las fronteras, la vida misma. Y Felicitas Martínez Boero lo sabe…

Fuente: Red Bull

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