GENTE

23 de enero de 2017

DAKAR: Entrevista en profundidad a Gastón Pando, luego de poder dar la vuelta a la carrera más dura del planeta

El bolivarense Gastón Pando y quien logró dar la vuelta al Dakar en un segundo intento, tras una mala pasada que le jugó la carrera más difícil del mundo en el 2014, la revancha llegó en este 2017.


ZD: ¿Cómo fue la llegada a Asunción, los controles y verificaciones?

G: Salimos de Bolívar el grupo de amigos y mecánicos que habíamos programado salir, llegamos a Asunción temprano, el día 27 de diciembre a la noche. Nos instalamos en el vivac, pasamos las verificaciones perfectamente, tanto administrativas y técnicas y quedaba esperar el momento de la largada. Mientras disfrutamos, pasamos el 31 a la noche con otros pilotos donde brindamos, verificamos y pasamos el año nuevo.

ZD: ¿Es la primera vez que pasas el año nuevo fuera de casa?

G: Es la primera vez desde que tengo los nenes, pasan Año Nuevo sin el padre. Eso me pegó, pero te soy sincero, ya estaba dentro de la burbuja Dakar, y a pesar de no tener psicólogo me preparé psicológicamente para eso. Pero esa era mi decisión, vine a correr, llamé, hablé con ellos, y borrón y cuenta nueva. El primero de enero estaba metido en la carrera.

ZD: Cada 1º de enero es difícil, ¿Cómo lo viviste estando tan lejos?

G: Estaba enfocado en la primera etapa. Traté de hacer una coraza alrededor mío donde no pensaba en otra cosa que la carrera. La carrera ya había empezado, la carrera ya había empezado cuando salí de mi casa de Bolívar, estaba en modo Dakar y no pensaba nada más que la primera etapa. El 1º tuve que hacer la hoja de ruta apara el día 2, me concienticé y a dormir temprano.

ZD: Durante las etapas quedaron los corredores de renombre afuera. Comencemos a desandar como fueron las etapas día por día

G: La primera etapa sabía que era una etapa corta y difícil porque todos están nerviosos y todos quieren buscar su posición. Entonces salí a andar despacito. Leandro, mi compañero de equipo, se pasó en una curva. Yo fui tranquilo, a mi ritmo, o de mi ritmo para abajo; más tranquilo que un Ruta 40 por ejemplo porque sabía que mi meta era llegar.

ZD: ¿Por dónde andabas cuando en una etapa no parecías, ni en la clasificación ni por teléfono?

G: La verdad no me acuerdo, pero seguro que no era nada grave. Uno o dos días en todo el Rally me agarró la noche, pero la noche temprano, cuando comenzaba a oscurecer, me metía al vivac. Bueno hasta eso salió bien, porque correr de noche es feo y es difícil, nunca me ha pasado; por lo que me apuraba para llegar de día al vivac.

ZD: ¿Favoreció que se suspendiera la etapa previa al día de descanso, para descansar más y poner en condiciones el cuatri?

G: Si claro que favoreció. Yo creo que fue lo único que favoreció, porque después la suspensión de la Etapa 9 que era denominada la ‘Súper Belén’, era una etapa traumática para mí donde me quebré un brazo en el 2014 y me dejó fuera del Dakar 2014. No sé si le tenía miedo, pero si había una etapa para respetar, era esa. Se suspendió, pero luego vino la Etapa 10 que para mí fue la más difícil de este Dakar 2017.

ZD: Hablaste de la altura, ¿Es lo mismo la altura en Jujuy que en Bolivia? ¿Cómo te trató la altura en Bolivia?

G: La altura me trató bien, no me puedo quejar. No le tenía miedo, ya había tomado las pastillas que se toman, y básicamente se desarrolló la carrera entre los 2500 y los 3000 metros de altura, por lo que no tuve ningún tipo de problema. Tuvimos dos picos altos de más 4500 metros, que ahí se comenzó a complicar porque te sentís mal. Ahí me tomé una pastilla cada día. Un día estuvimos a 4900 metros de altura, y era un camino de cornisa, angosto, y esa alucinante mirar para abajo porque estabas realmente en el cielo. El paisaje era divino, era para sacar fotos, pero miras para abajo se te genera el problema porque a pesar de no tener vértigo, la altura te marea. Me enfoqué en la carrera, en el instrumental, en la pared de la montaña que tenía a mi izquierda, no tuvimos mayores inconvenientes más allá del frío, no podía creer cuando comenzó a nevar; y al otro día granizó.

ZD: ¿Cómo soportaste el frío?

G: Y estaba preparado. En las manos tuve los guantes, mi tío que vive allá me acercó un tipo de guantes que no quedaba muy lindo con el cuatri pero que ayudó mucho con el tema de la sensibilidad en las manos. Y en el pecho un truco de acá del campo, un cartón doblemente doblado, la campera y arriba el traje de lluvia.

ZD: Volviste a Argentina, la sorpresa de que estuviera la familia esperándote ¿Cómo fue?

G: Esperaba que estuvieran, pero no sabía dónde me los iba a encontrar. Un capítulo aparte es mi hermano Marcos, con tres amigos, quienes estuvieron apoyándome desde el segundo día hasta que casi terminó la carrera. Miraba por lo espejos del cuatri y donde sea que estuviera, con cualquier clima, y terrenos ellos aparecían; y aunque no formaban parte del equipo, me reconforta el alma que estuviera mi hermano ahí cerca siempre. Cuando estaba llegando a Río Cuarto, el primero que me encuentro es a mi viejo con mi hermana más chica, y ahí fue el primer quiebre. Y no sé en qué calle llegando al Vivac a tres o cuatro kilómetros me encontré con mi esposa, y mis cuatro hijos y fue muy emotivo. Paré, y me abracé con Renata, Alfonso, Lucila y Valentina, a mi mujer, y supe que había terminado el Dakar porque el otro día faltaba 40 kilómetro de especial, y por más que se rompa en el Especial nos llevamos de tiro entre nosotros. Después apareció mi vieja, estaban todos; perecía que estaba en Bolívar.

ZD: ¿Los últimos kilómetros de Especial y Enlace, se hicieron largos o se pasó rápido?

G: No se pasaron rápido porque largamos invertidos. Los últimos largamos primeros, entonces largué en el puesto 6 creo. Largué a las 5:51 de la mañana, con la humedad de la noche estaba el camino asentado, no había tierra, y para las 6:30 ya había termina el especial. El enlace si fue larguísimo, yo quería llegar a buenos Aires, pero bueno una locura.

ZD: Tuviste un amigo, un periodista, una persona de confianza que te buscaba todo el tiempo y quería saber cómo estabas, el ‘Gato Barberí

G: Si el ‘Gato’ venía todos los días, me buscaba, hacía la nota. Además él de trabajar para Fox, el andaba con su camarita chiquita trabajando para su programa. Por fuera de Fox, nos filmaba y nos veía haciendo su hoja de ruta, nos esperaba.

ZD: Llegó el momento de la rampa, te entregaron la medalla que fuiste a buscar y que te costó tanto trabajo; ¿Cómo fue el momento?

G: El momento es único, el momento no tiene comparación con nada. Cuando me recibió Etienne Lavigne en Río Cuarto le comenté que tenía un pequeño homenaje para mi amigo en Buenos Aires, tengo su casco y lo quiero levantar al cielo en forma de agradecimiento; me tiene que dar un minuto más. Entonces cuando subí estaba, y me tomé ese momento, pedí permiso, tenía los dos casco el mío y el de Jorgito (Martínez Boero), miré el cielo y fue sublime, y fue el final de algo que había soñado hace mucho tiempo. Ahora sí, nuevas metas me esperarán, pero el Dakar capítulo cerrado.

ZD: ¿De quien es el cuatri ahora?

G: Si varios me han preguntado lo mismo, talvez no me expresé bien, pero el cuatri ahora es de mi hijo Alfonso; el cuatri no se vende. 

A continuación audio de Gastón Pando 

 

 

 

 

 

 

 

COMPARTIR:

Notas Relacionadas