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CORONA VIRUS

23 de marzo de 2020

Por María Victoria Cano; Cuando la frase ‘Quédate en casa’ no es igual para todos los sectores sociales

Imagenes de fuentes citadas

Unos vienen de Europa, algunos piensan en el alcohol en gel y en el papel higiénico, pero otros en la tarjeta Alimentar y cómo hacer para sobrevivir sin nada en la heladera.

El olor a Lysoform enseguida se hizo notar. Se mezclaba con el intenso olor a cigarrillo que venía del balcón del departamento de al lado. Yo estaba sentada en la reposera, celular en mano, mandando audios con sugerencias de lectura, películas, comidas. Empezaba mi cuarentena total. Alguno de mis vecinos se había ensañado con el desinfectante, el de al lado fumaba y fumaba en el balcón. Lo cierto es que tenemos balcón a la calle, desinfectante, agua corriente, celulares, internet, cigarrillos, películas, libros. Seguramente nuestras heladeras están llenas y más allá de los chistes que nos podamos hacer, una estadía placentera en nuestras casas.

“Quédate en casa”, reza el hashtag, “Yo me quedo en casa”, es otra posibilidad. Miles y miles de fotos con esa frase. Niñes con sus progenitores, perros y gatos, chicas haciendo selfie, fotos de tortas caseras, facturas, mates (uno por persona, sin compartir), parejas, etc.

Yo me quedo en casa.

¿Qué casa?

¿Cómo es tu casa?

¿Cómo es tu cotidianeidad en esa casa?

¿Cómo habitas ese espacio?

¿Qué comodidades tiene?

—Matilde, ¿qué haces acá?— dice mi compañera médica a una mujer embarazada que estaba sentada en la sala de espera del centro de salud.

—Vine a que me controle la doctora Carina— dice Matilde.

—¿Pero vos no sabes que te tenes que quedar en tu casa, Matilde?, por el tema del contagio del corona virus, que en tu estado con más razón—, dice mi compañera, insistente, pero manteniendo la amorosidad y la calma. — ¿No lo escuchaste al presidente anoche?—

—No— dice la mujer con naturalidad, desafiando la cara de mi compañera que la miraba fijamente.

Matilde no había escuchado a Alberto Fernández en cadena nacional. Tampoco salió a la calle a aplaudir a los equipos de salud, como ocurrió en muchos lugares de la ciudad. En Barrio Las Flores, no.

En mi casa esperamos con mi compañero el mensaje del presidente, ansiosos. Escuchamos los aplausos asomados por el balcón. Los grupos de whatsapp explotaban de emoticonos de aplausos, corazones, fotos y luego de la cadena nacional, todes muy orgulloses del presidente que tenemos, me incluyo. Volvimos a tener Ministerio de Salud, volvimos a sentirnos protegidos. ¿Quiénes?

Después de una discusión que duró hasta casi la 1 de la mañana con mis compañeres del centro de salud, donde las aguas se dividían entre quienes deberían ir a trabajar y quienes no, todes o algunes, todas las horas o recorte horario, si abrir con los horarios de siempre y con los miembros del equipo de siempre no implicaba un contrasentido con respecto a la cuarentena, etc., me acosté y traté de relajarme. Hacía 3 días que un intenso dolor de cabeza, tensional, por supuesto, me acompañaba día y noche.

Esta mañana, no solo Matilde se sentó en la sala de espera del centro de salud, muchos otros deambularon, pasaron, preguntaron, consultaron por turnos, por certificados, por turnos de Anses, por la vacuna, por la comida, por la chapa, por el subsidio, por el análisis, por la radiografía, por el estudio

—¿No escuchaste al presidente ?—

—No.

Quédate-en-casa-vos-que-podes

Lávate-las-manos

Me subí a la bicicleta para volver a mi casa. El barrio tenía la fisonomía de un día de vacaciones. Los pibes reunidos en la esquina. En la canchita algunos jugaban un picadito. Gente circulando como un día de fin de semana. Olor a asado.

La vida de algunos sectores se desarrolla afuera de la casa. Porque habitar algunas casas es un tema complicado, no solo porque no se cuenta con las comodidades básicas, sino también porque se convive en situaciones truculentas. Entonces mejor salir a la calle. Mejor estar afuera. En la vereda, en la canchita, en la esquina. Y además, lo íntimo, lo doméstico, el lugar de la intimidad, de lo propio, es un lugar público, es algo que conoce la escuela, conoce el centro de salud, y las instituciones con las que cuenta el Barrio. ¿Cómo hacer que el “quédate en tu casa”, surta efecto en estos sectores?

Unos preocupados por el alcohol en gel teniendo agua y jabón en sus casas o por el papel higiénico, teniendo bidet o por la comida (que nunca nos falte la comida), atestando los supermercados, unos prácticamente encima de otros, para luego llenarnos de alcohol y tirar Lysoform en todos los lugares que podamos, incluidos nosotros mismos.

Otros pensando en el día a día, viendo cómo hacer para que el techo de chapa no se venga abajo, viendo si les acreditaron monto en la tarjeta Alimentar, en qué estado está la pensión por discapacidad, con dolor de muelas, con infecciones urinarias a repetición, con parásitos, impétigos, escabiosis, gastroenterocolitis o viendo con quien jugar un partidito de fútbol, o yendo de la hermana a tomar mate, sí, mate, dulce y con yuyos o preguntando si el comedor sigue abierto.

Otros volviendo de Europa con síntomas y eludiendo la ley.

Otros trabajando, como yo, sin tener muy en claro qué función cumplir en esta situación. Y mientras escribo, porque escribir me ayuda a pensar también, creo que nuestra labor es comunicar de la mejor manera posible. Creo que nuestra labor es elaborar mensajes claros. Algo que los medios masivos de comunicación se empeñan en no hacer. Esos medios que le hablan a una determinada clase.

Trabajando. Y no me siento ninguna heroína. Y los médicos tampoco lo son. Y los enfermeros tampoco. Héroes y heroínas son construcciones  de la literatura. Somos trabajadores. Nos pagan por eso. Y hacemos lo que nos corresponde, no hay ninguna heroicidad en eso.

Sin dudas para personas como yo, insoportablemente analíticas, estos tiempos generan más preguntas que respuestas. Me cuestiono y en un movimiento posterior puedo cuestionar. Resulta muy difícil no masificar el mensaje, no hacerlo transmisible como si la vida de todos fuese igual (a la mía). Uniformamos el mensaje, uniformamos la casa, el hogar, las familias, los hábitos, las costumbres, el acceso a bienes y servicios.

—Dejá de hacer análisis antropológico— me dijo otra compañera hace unos días, cuando se me ocurrió expresar que seríamos nosotros (los trabajadores del centro de salud) los que llevaríamos el virus al Barrio y no al revés, por los lugares donde circulamos, por los contactos que podemos tener. Y si eso ocurriera, sería un verdadero caos, ya que las condiciones de vida

sumadas a las enfermedades previas de estas personas los harían susceptibles de morir, mejor dicho, los mataría directamente.

Yo-me-quedo-en-casa.

Me quedo en casa y escribo. Me quedo en casa y leo. Me quedo en casa con internet. Me quedo en casa tirada en mi sillón mirando Netflix. Me quedo en casa y me lavo las manos. Me quedo en mi casa limpia y ordenada.

Fuente; El Ciudadano y la región

 

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