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NOTA CON AUDIO

3 de abril de 2024

Karen Seronero: "La implicancia simbólica es central, pero las dimensiones geopolíticas nos recuerdan que no es un capricho ni la negación de una derrota militar. Sino un reclamo legítimo tras la usurpación británica"

La Profesora de Historia hizo una sinópsis perfecta de Malvinas, cómo y por qué son Argentinas y la pertenencia justa y real . Te recomendamos escuchar el audio completo.-

Este día rendimos homenaje a las veteranas y los veteranos, a los caídos y a sus familiares. En el marco de los 42 años del conflicto del Atlántico Sur, ratificamos, como hace ya casi 200 años, el reclamo por ejercicio de la plena soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes.

Para lograr entender este reclamo, se hace necesario entender a que nos referimos histórica y geográficamente cuando hablamos de Malvinas. Las Malvinas se encuentran en el Mar Argentino, a unos 600km de las costas patagónicas, en la plataforma continental de nuestro país. Las dos islas que la componen, Soledad y Gran Malvina, ocupan casi 12.000 km2. Su fauna diversa, la riqueza en recursos naturales y su posición estratégica -por su cercanía con la Antártida y su locación en el paso interoceánico-, las vuelven un atractivo innegable para navegantes y naciones piratas.

Hace casi 214 años, el 25 de mayo de 1810, la Argentina declaró su independencia de la colonización española y asumió la administración de todos los territorios del Virreinato del Río de la Plata, incluidas las Islas Malvinas.

Las Islas no tienen población autóctona. Si bien hay algunos registros de avistamientos previos, debido al clima y la geografía, los humanos llegan a las Islas con la modernidad y las herramientas e infraestructura que conlleva. Debemos tener en cuenta que la Argentina construyó el primer asentamiento con vivienda permanente en las islas, creo el primer aeródromo, como así también proveyó de combustible y gas a los habitantes.

La implicancia simbólica es central, pero las dimensiones geopolíticas nos recuerdan que no es un capricho ni la negación de una derrota militar. Sino un reclamo legítimo tras la usurpación británica de un territorio que forma parte de la plataforma continental argentina. Una usurpación que cada día nos cuesta el saqueo de nuestros recursos naturales.

Los ingleses dicen haber sido los primeros en avistar las islas. Sin embargo, todos los registros de su presencia allí son posteriores a los de Francia y España. La expedición Magallanes en el siglo XVI fue la primera en poner las islas en el mapa. Pero para 1494 España y Portugal ya se habían dividido el mundo desde sus palacios en Europa en el Tratado de Tordesillas. Y bajo ese tratado, las Islas técnicamente formaban parte de las colonias españolas.

En 1765 una embarcación británica se asentó en la isla y fundó el Port Egmont. Inglaterra no quería perderse las ventajas de las islas. Este episodio generó un conflicto diplomático entre Inglaterra y España que culminó con la expulsión de los ingleses.

En 1774 los ingleses por primera vez renunciaron formalmente a la soberanía ante los españoles. Sin embargo, esta situación no duró mucho. Al poco tiempo los ingleses hicieron una invasión y convirtieron a las islas en un presidio de Inglaterra: un lugar donde llevar los presos que literalmente no podían escaparse por la falta de infraestructura. Y claro, gozando de las ventajas del paso interoceánico y la explotación de recursos.

En 1820, Buenos Aires tomó posesión de las islas. Cinco años más tarde, el Reino Unido reconoció la independencia Argentina a través de un tratado de amistad comercio y navegación firmado por la reina de Inglaterra. Es decir, Inglaterra reconoció la independencia de Argentina que incluía a las islas y por ende: renunció por segunda vez a la soberanía.

Ahora, hablemos de la ocupación ilegal. En 1831 el gobierno argentino desplegó un ataque contra barcos estadounidenses colonialistas que realizaban pesca ilegal en las Malvinas y se llevaron a sus tripulantes detenidos a Buenos Aires. Como respuesta, Estados Unidos bombardeó el Navío Lexington y el asentamiento argentino en las islas.

Washington reportó a Inglaterra que las islas estaban desprotegidas. Con esa información, el 3 de enero de 1833, el Reino Unido ocupó militarmente las islas y comenzó a explotar los recursos y someter a la población a trabajar para la corona inglesa. Los gauchos que habitaban las islas, liderados por Antonio Rivero, realizaron una resistencia. Pero fue reprimida y a Rivero se lo llevaron preso a Inglaterra.

Desde entonces, la Argentina reclama la soberanía por las Islas Malvinas, ocupadas colonialmente por el Reino Unido.

En 1945, con la creación de las Naciones Unidas las potencias decidieron que técnicamente no estaba tan bueno lo de dividirse el mundo y colonizarlo. Así comenzó el proceso de descolonización impulsado por Naciones Unidas. Más de 80 naciones se independizaron en este contexto. Y la Argentina no quería perderse su turno. Pero el Reino Unido siempre hizo oídos sordos.

Desde 1964, la Argentina exige la comunidad internacional que facilite la descolonización de las Islas Malvinas por parte de Inglaterra. Hay varias resoluciones de la ONU que instan al Reino Unido a iniciar negociaciones en pos de la descolonización, que son ignoradas de manera sistemática aún ante los intentos insistentes de la Argentina de poner el tema en agenda.

La historia de la guerra de Malvinas es un capítulo denso en la historia argentina que duele hasta el día de hoy. El elemento fundamental para entenderla es ponernos en contexto. Un episodio que el gobierno actual de extrema derecha intenta reescribir y borrar a diario.

La dictadura militar que tomó el poder en Argentina de 1976 a 1983 fue la más sangrienta y dolorosa de la historia de nuestro país. Con 30.000 detenidos desaparecidos, la dictadura desplegó un régimen terrorista y profundamente represor que generó un trauma social que no se borra.

Para 1982, el desgaste del régimen militar se profundizaba mientras el apoyo a los movimientos sociales crecía en pedido por condiciones básicas de vida digna. En este marco, Leopoldo Galtieri, el entonces presidente, decidió desplegar el Operativo Rosario, que consistió en tomar el puerto Stanley y convertirlo en Puerto Argentino. Este acto generó una simpatía popular con el régimen y Galtieri salió a hablar ante la plaza que celebraba la potencial recuperación de Malvinas y tiro su conocida frase “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”.

Y vinieron. La entonces primera ministra inglesa, Margaret Thatcher, ordenó el mayor despliegue armado en su país desde la Segunda Guerra Mundial, con el apoyo de la OTAN. El primer ataque inglés fue el hundimiento del ARA General Belgrano, una embarcación argentina que estaba fuera del Zona de Exclusión. implicó la muerte de 323 argentinos, inauguró los enfrentamientos con un crímen de guerra.

Los argentinos y argentinas que participaron de la guerra lo dieron todo, pero la superioridad técnica y militar de los ingleses así como la pésima provisión de bienes básicos para los soldados argentinos llevaron a una victoria inglesa que se llevó muertos a más de 600 jóvenes argentinos. Muchos excombatientes se suicidaron luego de la guerra por el trauma de la misma.

Este fue el episodio que terminó de deslegitimar a la dictadura, luego de informar mediante la prensa un optimismo ficticio sobre una potencial victoria argentina.

Años más tarde, el gobierno de Cristina Kirchner desclasificó el Informe Rattenbach, elaborado por los militares para entender la derrota en la guerra. En el informe aparecen las tres hipótesis sobre los potenciales resultados con los que las juntas especularon a la hora de iniciar la guerra: (1) Reino Unido no se involucra en el conflicto armado y se negocia la devolución de las islas; (2) Reino Unido se va a la guerra y Estados Unidos apoya a Argentina; (3) Reino Unido se va a la guerra y Estados Unidos y la OTAN se mantienen neutrales.

Lo curioso de estas especulaciones es que las Juntas Militares no consideraron la potencial colaboración de Estados Unidos y la OTAN con el Reino Unido. La ingenua idea de que porque el regímen militar colaboró e hizo buena letra con Estados Unidos le aseguraba su alianza militar. Parece un chiste de mal gusto.

En palabras de la periodista Violeta Weber “un gobierno de derecha en un país del Sur Global cree que si hace buena letra con el Norte Global se asegura su lealtad. Pero lealtad del Norte con el Norte siempre mata la del Norte con el Sur. Así se aseguran la hegemonía.”

Luego de la guerra, Inglaterra incorporó a la población de Malvinas como ciudadanos plenos de derecho ingleses y desde entonces se jacta de dar a los isleños el derecho a la autodeterminación.

Este derecho no puede pensarse de manera ahistórica en el caso de este territorio. La amplia mayoría de la población vino con la colonización.

Argentina, con el apoyo de la comunidad internacional, exige la devolución de las islas ocupadas. Pero el gobierno inglés ni siquiera da esa discusión. En el pasado incluso renunció a la posibilidad de negociar con Argentina sobre comercio de alimentos, combustible y minerales críticos porque el gobierno argentino solicitó una conversación sobre las islas. Aunque el gobierno actual está dispuesto a poner eso a un costado.

El tema de Malvinas es un asunto trasversal en la política argentina. Excedió ideologías y gobiernos. El reclamo por su soberanía está presente en la política exterior Argentina de manera ininterrumpida, aunque desde diferentes enfoques.

Se hace necesario este pequeño recorrido histórico para entender como llegamos a donde estamos hoy. El apoyo regional y multilateral aparece como casi la única ventana de oportunidad que tenemos para presionar al Reino Unido a que devuelva las islas. A que las descolonice. Es tarea de todos los argentinos mantener vivo ese reclamo a través de nuestra historia.

En memoria de los caídos, los que volvieron, los que tuvieron que atravesar problemas de salud posteriores, los que lucharon por obtener la pensión honorifica, las enfermeras e instrumentistas vieron el horror de cerca y aun así tardaron años en ser reconocidas. Por ellos, por nuestra soberanía nacional se hace necesario poner en tela de juicio cada año la causa Malvinas, recordar para no repetir lo sucedido.

Karen Seronero

 

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